¿En realidad podemos vivir en paz?
Inmanuel Kant aportó su propio intento de resolución de conflictos
en un pequeño libro titulado La paz perpetua, en el cual
diseñaba un plan para aplacar las diferencias en la Europa de su
tiempo, de forma no violenta.
Curiosamente tomó el título prestado de un cartel exhibido en una
fonda que se encontraba junto a un cementerio. ¡Todos
conseguiremos la paz perpetua al final, sólo que será demasiado
tarde para que nos sea útil en este mundo y en esta vida!
Cyril Joad escribió que "La civilización occidental moderna
es el resultado de ofrecer los frutos de unas decenas de hombres
geniales a una población que se encuentra al nivel de los salvajes
en el ámbito emocional y al nivel de los niños de la escuela en el
ámbito cultural".
Diversos autores se han planteado preguntas filosóficas acerca de la
naturaleza humana y han cuestionado la capacidad del hombre de vivir
en paz.
Lou Marinoff, en su libro Pregúntale a Platón, añadía el
hecho de que muchos de los mayores pacificadores y defensores de la
resistencia no violenta a la opresión -desde Sócrates y Jesús,
hasta el Mahatma Gandhi y Martin Luther King, e incluso, John Lennon-
fueron conducidos a la muerte por gobiernos o asesinados por hombres
enajenados, por lo que tenemos que preguntarnos si las cualidades
humanas tienen algún lugar.
También se pregunta, tal como hizo Freud, que quizás debamos llegar
a la conclusión que la humanidad se inclina hacia la guerra,
alejándose de la paz.
A pesar de ello Marinoff sigue siendo optimista, afirmando. "Creo
que la razón y la sabiduría finalmente conducirán a la humanidad
por caminos pacíficos".
Albert Camus, en El Primer Hombre, también manifiesta que "La
guerra no es buena, porque vencer a un hombre es tan amargo como ser
vencido por él".
A Ralph Waldo Emerson, le son atribuidas las siguientes frases:
"Acaba cada día y dalo por terminado. Has hecho lo que
podías. Sin duda habrá habido errores y absurdos, olvídalos lo
antes posible. Mañana será un nuevo día; empiézalo bien, con
serenidad y con tanto ánimo que no lo empañen las nimiedades de
siempre".
Y... "Hagas lo que hagas, necesitas ser valiente. Sea cual
fuere el rumbo que decidas seguir, siempre habrá quien te diga que
estás equivocado. Siempre surgen dificultades que incitan a creer
que tus detractores tienen razón. Planear las medidas a tomar y
seguirlas para lograr un objetivo exige el mismo tipo de valentía
que debe tener un soldado. La paz tiene sus victorias, pero se
necesitan hombres y mujeres valientes para ganarlas".
A todo esto yo sigo creyendo que es posible cambiar el mundo,
regenerándolo hacia una convivencia armónica, fraterna, solidaria y
respetuosa con el medio ambiente, recordando la frase con la que,
hace ya muchos años, me respondió un Sacerdote Jesuita a una
pregunta de esta naturaleza que le hice durante un encuentro. Una
respuesta que resumo en la siguiente frase: Dios crea al hombre
para que sea feliz y ordene y perfeccione el mundo.
Una frase que me hizo trascender en su significado, sobre el que me
referiré en los siguientes capítulos, con los que concluyo esta
serie.
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