En busca de la trascendencia (I)
Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, lo sitúa en el Paraíso
Terrenal y, ante la pérdida del "estado de gracia", le
vela la verdadera dimensión de la plenitud de su presencia,
dotándole de libertad plena para que pueda crecer y desarrollarse,
consciente de sus limitaciones, en busca de la perfección y en
armonía con su entorno.
"En la concepción cristiana de Dios no existe ua fijación
rígida para la vida. Porque ese Dios es tan grande y tan dueño de
todo, es por naturaleza tan amante de la libertad, que puede
introducir la autodeterminación en la vida del ser humano.
Aunque siempre mantenga en sus manos la vida de esa persona, y la
abarque y la sustente, la libertad no es pura ficción. Llega tan
lejos que el ser humano puede arruinar incluso el proyecto divino.
La vida es algo biológico. En el ser humano es preciso añadir un
nuevo nivel. Es el espíritu, que vive y vivifica. El espíritu se
funde con la existencia biológica, confiriendo a la vida otra
dimensión.
Además la fe cristiana está convencida de la existencia de otro
nivel, concretamente el encuentro con Cristo. Podemos presentirlo ya
en el proceso del amor humano: siempre que soy amado, en la dinámica
del espíritu me adentro en un nuevo nivel a través del Tú del
otro.
Algo similar sucede cuando, a través de Cristo, el propio Dios se
vuelve hacia mi, convirtiendo mi vida en una convivencia con la vida
primigenia creadora.
Es decir; que la vida tiene múltiples etapas. Y se alcanza la más
alta cuando se convierte en convivencia con Dios. Precisamente aquí radica la audacia de la aventura humana. La persona puede y debe ser
la síntesis de todas las etapas de la creación. Puede y debe llegar
hasta el Dios vivo y devolverle lo que procede de Él.
El
factor libertad entra en la dinámica de cada existencia, y este
factor se opone a la predestinación absoluta. Cada persona necesita
valor creativo para vivir su vida y no convertirse en copia del otro"
(Conversaciones con el Cardenal Ratzinger. La
fe de tejas abajo, con referencia al libro
Dios y El Mundo.
Artículo publicado en el suplemento de los Domingos de ABC en marzo
de 2002).
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