Creados para ser felices, (y II).
Por su permanente actualidad, reproduzco a continuación un texto
publicado en el suplemento de ABC, Alfa y Omega, del 18.07.02, con
el título: En busca de la felicidad, que dice:
"El hombre feliz no considera la felicidad como algo
azaroso o cambiante; puede ser feliz sin ser venturoso, es decir, con
mala suerte, cuando tiene la virtud necesaria y trabaja para
mantenerse ecuánime y constante en la actividad más perfecta, aún
en medio de la adversidad.
El hombre feliz tiene paz consigo mismo, fruto de la coherencia y la
fidelidad, que lo transmite al exterior por medio de una conducta
serena, pero a la vez activa, ya que las personas felices se
encuentran activamente implicadas en la vida.
Kierkegaard decía que la puerta de la felicidad se abre hacia fuera,
y el Doctor Enrique Rojas añade que los inmaduros, por el contrario,
abren su afectividad hacia adentro, la cierran luego y, a
continuación, pierden la llave.
Cuando se está más pendiente de lo que necesita el otro, la misma
satisfacción del otro hace que se experimente esa felicidad, y se
ratifica aquello de que somos más felices al dar que al recibir.
Johann Wofgang Gothe aseguraba que el hombre más feliz del mundo es
aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse
del bien ajeno como si fuera propio.
Y para curar del todo el resentimiento, es imprescindible el perdón.
Mientras se tenga resentimiento y odio, es imposible ser feliz. Lo
maravilloso del perdón no es que libera al otro de su eventual
culpa, sino que te libera a ti de un sufrimiento.
Estar contento es estar lleno de contenido. Si la vida está llena de
contenido, se experimenta sensación de plenitud y así se puede ser
feliz en momentos de dolor o sufrimiento, porque se está hablando de
un ser feliz y no ya de estar feliz, dependiente del tiempo que dure,
o de las circunstancias que lo rodeen.
No se puede buscar la felicidad por si misma, se obtiene porque se
está abierto a ella, con un trabajo de formación de un carácter
ecuánime, por rechazar la idea de que el universo gira alrededor del
propio ombligo, por contar con el otro y, sobre todo, por estar
abierto a la trascendencia".
Carlos Díaz, en su artículo Felicidad: un modo de viajar en la
vida. Criterio de excelencia en el arte de vivir, manifiesta que
“la felicidad no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo
que hacemos.
La felicidad no es una estación teórica de llegada, sino un modo de
viajar en la vida; no un descanso, sino más bien una tregua; no es
solo una realización, sino también un proyecto; no es algo que se
acumula, sino algo que se gana o se pierde. La felicidad es el
criterio de excelencia en el arte de vivir.
Y sigue afirmando que la persona feliz se caracteriza porque conoce y
asume los límites e insuficiencias de la existencia, pero eso no
significa que dé por bueno lo ruín o inauténtico, por rico lo
mísero, por auténtico lo aparencial, por pleno lo vacío, pero sabe
arreglarse con ello, continúa cumpliendo con las obligaciones que ha
asumido, con las exigencias que le plantean la familia, la profesión,
la comunidad, la Historia.
Y lo hace con fidelidad y exactitud, a pesar de todos los fracasos,
aportando su esfuerzo para poner orden y ayuda una y otra vez. En
esta actitud hay una gran cantidad de disciplina y de coraje, de
fidelidad y de paciencia con la vida: de carácter".
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