Regenerar nuestras pautas de conducta (y II)
Hace casi dos décadas leí un artículo titulado “Gobernar
es amar” . Encuentro con el Ministro de Trabajo de
México, publicado en el suplemento de ABC, Alfa y Omega del
18.07.02, que destacaba el siguiente enunciado: “La
capacidad transformadora de la actividad política para construir un
mundo más justo, ordenado y equilibrado”.
Según los datos que he podido obtener, Don Carlos María Abascal
Carranza (Ciudad de México: 14-06-49 a 2-12-2008) fue Secretario de
Trabajo y Previsión Social de México 2000/2005 y, a continuación,
Secretario de Gobernación de México 2005/2006, en ambos periodos
siendo presidente de México Vicente Fox.
Este artículo, tan afín a los principios y valores que he venido
conformando desde edad temprana, me impactó tanto, que aún lo
conservo como referente entre mis archivos.
Al contrastarlo con la situación actual y observar la coincidencia
de sus denuncias y predicciones con los graves problemas que siguen
latiendo en la humanidad, he decidido reproducirlo a continuación
para incentivar la participación y el debate, conforme a la
motivación de este Blog.
“El programa político de Don Carlos Abascal, Ministro de Trabajo
de México, se basa en la integración, el diálogo y la justicia;
unos planes ambiciosos basados en la antropología cristiana, cuyo
distanciamiento nos aleja de la convivencia humana.
Cuando la maximización del beneficio se constituye en el único
elemento rector de la actividad económica, entonces se produce la
deificación del mercado y la instrumentalización del hombre.
Cuando la economía se entiende como el fin y no como un medio para
servir al desarrollo integral del hombre, nos retrotraemos a la ley
del más fuerte, en donde todo es posible.
La solución: el señorío del hombre sobre las cosas, evitando la
excesiva concentración de la riqueza y las tentaciones consumistas
hedonistas de una civilización incitada por la publicidad.
Es necesario recuperar la centralidad del hombre para curar su
bienestar y, sobre todo, su bienser.
La instrumentalización de la persona lleva necesariamente a una
obligación asímétrica basada en la liberación comercial y
financiera y el freno migratorio. Frente a ella propone un programa
de inversiones por parte de los paises más desarrollados,
conscientes de la hipoteca social de los bienes que administran.
Estas inversiones deben asegurar un desarrollo sostenible de todas
las naciones, y un proceso global y gradual de regularización y
liberalización de los movimientos migratorios. No podemos poner
barreras a las personas si creemos en la unidad del género humano.
No observa contradicción entre los conceptos de justicia y
estabilidad que, en su opinión, se complementan en la actuación
honesta por el bien común. Un bien común que debe basarse en la
búsqueda del bien material y espiritual de todos, sin dejarse
secuestrar por quienes consideran que el consenso unánime debe ser
el único medio de toma de decisiones, así sea minoritario o
interesado.
La autoridad no debe abdicar de su responsabilidad de trabajar por el
bien común y define la vocación política entendida como vocación
de servicio.
O la fe es ciencia, o es hojarasca. Una fe sin obras se debilita. O
vives como piensas, o terminas pensando como vives. El mandato
evangélico es amar. Y gobernar es mucho más que administrar, es
finalmente amar también. Pero no con un amor humano, sino un amor
reflejo del amor de Dios, del que se entrega sin esperar
correspondencia.
La actividad política es la síntesis de la virtud (hábito de
servir a contrapelo de la adulación o de los intereses
particulares), ciencia (verdades de validez universal) y arte
(intuición de lo bello).”
En los siguientes capítulos, 9, 10 y 11, que conforman la parte
tercera de los contenidos de este Blog, los dedicaré a reflexionar
sobre el concepto de felicidad a la que todos aspiramos conseguir.
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