martes, 23 de junio de 2020

Capítulo 8


Regenerar nuestras pautas de conducta (y II)
Hace casi dos décadas leí un artículo titulado “Gobernar es amar” . Encuentro con el Ministro de Trabajo de México, publicado en el suplemento de ABC, Alfa y Omega del 18.07.02, que destacaba el siguiente enunciado: “La capacidad transformadora de la actividad política para construir un mundo más justo, ordenado y equilibrado”.
Según los datos que he podido obtener, Don Carlos María Abascal Carranza (Ciudad de México: 14-06-49 a 2-12-2008) fue Secretario de Trabajo y Previsión Social de México 2000/2005 y, a continuación, Secretario de Gobernación de México 2005/2006, en ambos periodos siendo presidente de México Vicente Fox.
Este artículo, tan afín a los principios y valores que he venido conformando desde edad temprana, me impactó tanto, que aún lo conservo como referente entre mis archivos.
Al contrastarlo con la situación actual y observar la coincidencia de sus denuncias y predicciones con los graves problemas que siguen latiendo en la humanidad, he decidido reproducirlo a continuación para incentivar la participación y el debate, conforme a la motivación de este Blog.
“El programa político de Don Carlos Abascal, Ministro de Trabajo de México, se basa en la integración, el diálogo y la justicia; unos planes ambiciosos basados en la antropología cristiana, cuyo distanciamiento nos aleja de la convivencia humana.
Cuando la maximización del beneficio se constituye en el único elemento rector de la actividad económica, entonces se produce la deificación del mercado y la instrumentalización del hombre.
Cuando la economía se entiende como el fin y no como un medio para servir al desarrollo integral del hombre, nos retrotraemos a la ley del más fuerte, en donde todo es posible.
La solución: el señorío del hombre sobre las cosas, evitando la excesiva concentración de la riqueza y las tentaciones consumistas hedonistas de una civilización incitada por la publicidad.
Es necesario recuperar la centralidad del hombre para curar su bienestar y, sobre todo, su bienser.
La instrumentalización de la persona lleva necesariamente a una obligación asímétrica basada en la liberación comercial y financiera y el freno migratorio. Frente a ella propone un programa de inversiones por parte de los paises más desarrollados, conscientes de la hipoteca social de los bienes que administran.
Estas inversiones deben asegurar un desarrollo sostenible de todas las naciones, y un proceso global y gradual de regularización y liberalización de los movimientos migratorios. No podemos poner barreras a las personas si creemos en la unidad del género humano.
No observa contradicción entre los conceptos de justicia y estabilidad que, en su opinión, se complementan en la actuación honesta por el bien común. Un bien común que debe basarse en la búsqueda del bien material y espiritual de todos, sin dejarse secuestrar por quienes consideran que el consenso unánime debe ser el único medio de toma de decisiones, así sea minoritario o interesado.
La autoridad no debe abdicar de su responsabilidad de trabajar por el bien común y define la vocación política entendida como vocación de servicio.
O la fe es ciencia, o es hojarasca. Una fe sin obras se debilita. O vives como piensas, o terminas pensando como vives. El mandato evangélico es amar. Y gobernar es mucho más que administrar, es finalmente amar también. Pero no con un amor humano, sino un amor reflejo del amor de Dios, del que se entrega sin esperar correspondencia.
La actividad política es la síntesis de la virtud (hábito de servir a contrapelo de la adulación o de los intereses particulares), ciencia (verdades de validez universal) y arte (intuición de lo bello).”
En los siguientes capítulos, 9, 10 y 11, que conforman la parte tercera de los contenidos de este Blog, los dedicaré a reflexionar sobre el concepto de felicidad a la que todos aspiramos conseguir.





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