lunes, 29 de junio de 2020

Capítulo 13


Ordenar y perfeccionar el mundo (I)
La vida se nos ha dado para amar y para ser amados y en nuestro desvarío la humanidad que hemos creado tiene un proceder no humano.
Desde el punto de vista cristiano, Jesús viene a mostrarnos una manera de ser y de vivir con amor, como única forma de hacer un mundo mejor.
Sin embargo, el hombre con su soberbia, trata de vivir y actuar como si Dios no existiera y lo complica todo, cuando en Dios todo es mucho má fácil.
En el Antiguo Testamento vemos como para lograr la convivencia del pueblo elegido, Dios, a través de Moisés, le da las diez Leyes o Mandamientos. Sólo diez que, en realidad, se reducen a dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo.
Hillet, Doctor de la Ley y destacado miembro de los fariseos, mantenía que lo esencial de tales leyes se puede resumir a una sola: "no hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a tí"; y añadía: "todo lo demás son meros comentarios a esta norma".
La realidad se presenta en la actualidad de forma bien distinta. Dice Alfonso Milagro en su libro “Los cinco minutos de Dios”, que el mundo se muere por falta de afecto, por frío de corazones, por alguien dispuesto a “perder el tiempo” escuchando a quienes nos rodean, intentando descubrir al niño de cada uno y darle un poco de afecto, algo más de bondad, una sonrisa, una compañía al menos de media hora de conversación.
La globalización produce nuevas fracturas. En el marco de un liberalismo sin controles adecuados, se ahonda en el mundo la brecha entre países "emergentes" y países "perdedores".
Los primeros disponen de capitales y tecnologías que les permite gozar a su antojo de los recursos del planeta, pero no siempre actúan con espíritu de solidaridad y participación. Los segundos en cambio, no tienen fácil acceso a los recursos necesarios para un desarrollo humano adecuado: más aún, a veces les faltan los medios de subsistencia.
El desafío de nuestro tiempo consiste en asegurar una globalización en la solidaridad, una globalización sin marginar a nadie.
En palabras de Ikeda Daisaku, "El diálogo, la confianza y la colaboración se encuentran arraigados en la competición humana, una competición en el dominio de uno mismo. Ésta es la base sobre la cual se puede construir una sociedad global, una civilización global para el siglo XXI".
Y continúa diciendo:"Si el enemigo definitivo es la deshumanización, la solución definitiva debe ser la revitalización y restauración de la humanidad. La fuente para ello debe ser una filosofía del humanismo".



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