domingo, 28 de junio de 2020

Capítulo 12


Ordenar y Perfeccionar el mundo. Introducción.
Esta Parte Cuarta de los capítulos los voy a dedicar a unas reflexiones que trascienden lo puramente material para entrar en el ámbito de los valores que considero deben regir nuestra vida, para hacerla más satisfactoria, más afectiva y más fraterna.
Una visión espiritual de la vida que no desmerece a las personas que se consideran ateos o agnóstico, porque en el fondo, lo importante es ser buena persona y merecer el mérito de que, cuando dejes esta vida, te recuerden como una persona que pasó por la vida haciendo el bien.
Yo siempre digo que el hombre es inmortal porque las relaciones con los demás que mantenemos en nuestra vida, producen impactos positivos y/o negativos que tienen una proyección incalculable por sus efectos ante la propia persona, sus familiares, amigos, y en las relaciones profesionales, que van dejando una huella que nos hace mantener viva a la persona en nuestra mente, de generación en generación.
Traigo al recuerdo un hecho que oí hace tiempo y que me dio argumentos para reforzar la espiritualidad con la que concibo la vida. Dice así:
En el Siglo XIX, tiempo en el que la intelectualidad se mostraba y cultivaba en los cafés, un día se le acercó a uno de nuestros eminentes personajes de la época, cuyo nombre no recuerdo bien, y le dijo: Don.... Vd. que es tan intelectual y a la vez tan creyente, ¿podría demostrarme la existencia de Dios?
Nuestro personaje, levantando la cabeza de la mesa donde estaba leyendo un periódico, le dijo: Siéntese, por favor. Yo no puedo demostrarle la existencia de Dios, porque es inabarcable, pero le voy a decir porque yo creo en Él.
Y continuó diciéndole su argumento: Supongamos que en estos momentos por causas ajenas a nosotros, los dos morimos de forma fulminante. Y tras la muerte no hay nada.
Entonces yo le habré ganado, porque mis creencias me han servido para encontrar fuerza en los momentos de debilidad, apelando a mi fe interior, y Vd. no ha contado con ello.
La otra opción es que tras la muerte nos encontremos con un Dios Padre misericordioso que nos espera para acogernos en la plenitud de su presencia.
De nuevo yo le habré ganado, porque encontraré cumplidas mis esperanzas y Vd. se verá sorprendido por haberlas ignorados.
Con este razonamiento quiero decirle que haya o no haya Dios, a mi me sirve creer en Él porque fortalece mi espíritu de superación y mi esperanza ante los retos de la vida.
Reforzando estos pensamientos, reproduzco a continuación la conmovedora carta de despedida que el gran actor Gary Grant dejó antes de morir a su hija Jennifer, con la que quiso darle algunas recomendaciones adicionales para el Camino:
"Amadísima Jennifer", escribió: "Vive tu vida plenamente, sin egoísmo, se comedida, respeta el esfuerzo ajeno. Esfuérzate por lograr lo mejor y el buen gusto. Mantén el juicio puro y la conducta limpia".
Y prosigue: "Da gracias a Dios por los rostros de las personas buenas y por el dulce amor que hay detrás de sus ojos... Por las flores que se mecen al viento... Un breve sueño y despertaré a la eternidad. Si no despierto como nosotros lo entendemos, entonces seguiré viviendo en ti, amadísima hija".







No hay comentarios:

Publicar un comentario