jueves, 25 de junio de 2020

Capítulo 9


Creados para ser felices.
Este capitulo y los dos siguientes los voy a dedicar a una reflexión compartida sobre el concepto de felicidad que tanto deseamos alcanzar y que, a veces, por nuestra propia actitud ante la vida no somos capaces de conseguir.
Por su extensión lo he dividido en tres capítulos que voy a incluir en el Blog en días consecutivos invitando a participar en los debates que puedan generarse.
El hombre, creado para ser feliz, necesita armonizar sus sentimientos y comportamientos, reconociéndose valioso en si mismo y en su capacidad de transformación y contribución a un mundo mejor.
Sin embargo se adiestra para mantenerse en constante confrontación con su entorno.
En sus valores más positivos mantiene un espíritu de superación que le exige empleo de valiosos recursos y que trae consigo momentos de debilidad y desánimo, cuando compara el esfuerzo empleado con el logro conseguido, lo que, en ocasiones, le lleva al desasosiego, a la insatisfacción e, incluso, al abandono.
En su evolución, el hombre ha desarrollado modelos de convivencia cada vez más complejos, que precisan de normas y pautas de comportamiento orientados a la consecución de bienestar y progreso.
Como dice Lou Marinoff en Pregúntale a Platón, "Nuestra vida real es muchísimo más complicada que la de nuestros padres, cuya vida fue mucho más complicada que la de sus padres, y así sucesivamente. La mayor parte de las complicaciones proceden de las cada vez más complicadas máquinas y tecnologías... La vida es organización que emerge de la desorganización".
Continúa afirmando que "Las personas más realizadas son aquellas que se mantienen ocupadas tanto en el trabajo como en el ocio, que disfrutan ambos y que celebran la vida según su propio plan".
Y concluye con la siguiente cita: "Si bien el dinero no es origen del mal, no hay duda de que el ansia de dinero si lo es, La codicia o la riqueza repentinas pueden provocar extremos de mal comportamiento en las personas".
Es la sociedad creada por el hombre la que valora con efímera felicidad la consecución de objetivos materiales, que despierta y acrecienta en la persona el sentido posesivo de lo alcanzado y su miedo a perder lo conseguido, cuestionando su ser con el tener, en una desviación que lleva al egoísmo creciente y destructivo de la capacidad de servicio a los demás.





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