La recuperación económica de la Nación va a requerir fuertes ajustes presupuestarios
La brusca caída del PIB y el ajuste del importante déficit público que venimos soportando, desde que se estableció el confinamiento, va a requerir la toma de medidas restrictivas que deberían abordarse con un estricto sentido de equidad y justicia social.
Mucho se habla de posibles recortes de derechos y/o de congelación de las retribuciones públicas y las pensiones, entre otras, pero nada se habla del necesario adelgazamiento de la infraestructura de la Administración Pública, en sus diferentes competencias, especialmente de los cargos de confianza, asesores, nuevos Ministerios y Direcciones Generales, etc., que muestran la hipertrofia de una Administración que debe gestionar con eficiencia los recursos necesarios para ofrecer unas prestaciones públicas, que mantengan el estado del bienestar accesible a todos los ciudadanos y que esté dimensionada conforme a las verdaderas posibilidades de un presupuesto equilibrado, con el objetivo de hacerlo sostenible.
Un acto de responsabilidad que el Gobierno Central, Autonómico y Local, deberían anticipar a los ajustes que la Unión Europea, de buen seguro, exigirá al Gobierno de España para hacer efectiva la ayuda aprobada para salir de la actual crisis económica.
Un sobredimensionamiento que se ha visto proyectado a la clase política, cuya principal misión debería ser el ejercicio de una función pública desarrollada con vocación de servicio rigor y responsabilidad, que erradique "la profesionalización política" y supedite los intereses de los partidos al bien general, equiparando las retribuciones y derechos sociales de sus miembros -en las diversas Instituciones que conforman los Poderes Ejecutivo y Legislativo- a los comunes de los afiliados a la Seguridad Social, con sus correspondientes topes y periodos de carencia.
Respaldando la iniciativa empresarial para relanzar el país y una acción decidida en el recorte del gasto público nos permitirá abordar la reestructuración necesaria para salir de esta crisis, con el convencimiento de que, solo cuando nos lo proponemos con convicción, podemos cambiar el mundo para conseguir una sociedad más humana, que coloque a la persona en el centro del propio horizonte ético/moral y que respete los valores que rigen nuestra vida. Unos valores que tienen que armonizarse con los ideales que todos llevamos dentro, con una gran dosis de tolerancia para administrarlos con la libertad que a todos debemos reconocer.
Quiero ahora apelar a "la voz de la experiencia", considerando que existen personas jubiladas que han demostrado en sus respectivas trayectorias personales y profesionales un bagaje lleno de honestidad, capacidad de innovar e iniciativa, para que lo pongan al servicio de la sociedad de manera altruista, a modo de los antigüos "Consejos de Sabios" formados por las personas mayores de las comunidades primitivas.
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