lunes, 22 de junio de 2020

Capítulo 7


Regenerar nuestras pautas de conducta
Cada persona puede hacer mucho para trabajar por un mundo mejor, con una alternativa juiciosa e inteligente a los sistemas liderados por ideologías que anteponen la subsistencia de éstas al interés general y a la humanización de la sociedad.
La democracia es mucho más que votar en las elecciones, es un proceso donde las personas se interesan por cuanto ocurre a su alrededor y participan, individualmente o a través de asociaciones, con un pensamiento crítico y constructivo.
También la sociedad civil y el mundo empresarial tienen que tomar conciencia de que el beneficio desmedido y el exceso de bienestar tienen consecuencias empobrecedoras para otra parte de la humanidad.
El Profesor de Filosofía, Alejandro LLano, manifiesta en el nº 519/9 del suplemento de ABC, Alfa y Omega, de noviembre de 2006, que "Los directivos de empresa deben preguntarse: ¿Hago lo posible para que estén satisfechos quienes trabajan conmigo? Entre las consecuencias positivas de ello está que uno inspira confianza. Por el contrario, cuando uno tiene que pedirla, es mala señal".
En la misma publicación, el Doctor en Medicina, Jose María Bengoa, hace la siguiente afirmación: "Me decepciona el exceso de bienestar del primer mundo a costa de los países pobres. Tenemos que disminuir nuestro nivel de vida; vivimos en exceso. Las sociedades ricas deberían pagar más por lo que compran al tercer mundo. Pensamos que hacer el bien es un gran sacrificio, pero es una profunda satisfacción".
"La Regla de Oro de la Convivencia Humana", como así titula su artículo el Magistrado Jubilado, Maximiliano Domínguez Romero, publicado en ABC de Sevilla el 23 de diciembre de 2006, "consiste en tratar a los demás como quisiéramos ser tratados nosotros si nos encontráramos en su situación".
Continúa diciendo... "La solución no es, pues, tan difícil. Consiste en algo tan elemental como en que cada uno (médico, juez, comerciante, persona que está detrás de una ventanilla...) trate a la persona que requiere sus servicios de la misma manera como querría ser tratado si fuera él quien lo requiriese·.
Es así de sencillo, de modo que si existen complicaciones éstas son de parte del hombre, no de parte de Dios, que nos pide la sencillez del niño como condición para entrar en el Reino de los Cielos. (Mt.18,3)".
Y..." resumiendo, han de estimarse las cosas de los demás (sus costumbres, su raza, su lengua, su religión, su patria...) como a las nuestras propias, o dicho con otras palabras y más claramente, consiste en vivir la civilización del amor, pues sin amor todo lo que hagamos no vale nada..."

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