En este capítulo vamos a hacer una lectura del ingreso mínimo vital desde una visión humanista de la vida
1. El humanismo cristiano es bueno para el hombre, porque se fundamenta en el amor como modo natural de convivencia con sus semejantes y con el medio ambiente, que entiendo necesario para crear una sociedad digna del hombre, en la que finalmente se implante la fraternidad, la igualdad y la solidaridad entre todos, logrando una sociedad en la que si alguien es privilegiado y favorecido, ese sea precisamente el débil y el marginado, el que por sí mismo no pueda defenderse.
Un sistema de convivencia armónico que es bueno para el hombre y la humanidad que, con independencia de la fe en las creencias religiosas que cada uno pueda tener, o no tener, no debería ser rechazado bajo ningún otro pretexto.
A la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 se encadena otra crisis de dimensión universal que viene a incidir aún más en la clase trabajadora, muy afectada por el nivel de desempleo que aún perdura desde la crisis financiera de 2008.
Reflexionando sobre esta nueva situación, hay que aferrarse al convencimiento de que "ante grandes males, grandes remedios", que debería comprometer a toda la clase dirigente, considerando que es ante estas situaciones excepcionales cuando más se necesita liderazgos supranacionales que sepan estudiar y enfocar las posibles soluciones más allá de las ideologías y de los enfrentamientos partidistas.
2. El ingreso mínimo vital aprobado por el Gobierno para afrontar las necesidades básicas de las familias empobrecidas por causa de la actual pandemia, y las marginadas por falta de recursos, es encomiable, porque debemos apoyar el amparo y la protección del necesitado.
Aún más, necesitaría ir acompañado de iniciativas públicas que promocione el empleo y dignifique a los beneficiarios de esta ayuda con un trabajo productivo en beneficio de la comunidad, para que puedan llegar al final de la jornada con la sensación de haber sido útil a la sociedad, en lugar del desaliento y la alienación que produce la falta de actividad. Esta iniciativa tendría también los siguientes efectos positivos:
- Reducir la economía sumergida que surge como oportunidad a la “disponibilidad” de tiempo del desempleado;
- La superación de los estados de frustración, que se trasladan al ámbito familiar;
- El cambio de estado de ánimo, que tendrá reflejo positivo en el consumo y en la dinamización de la economía;
- Estimular la inserción social de las personas marginadas, dignificándolas con el servicio a la comunidad;
- La mejora de los servicios públicos al ciudadano, sin alterar el nivel de empleo de las Administraciones ni sus correspondientes presupuestos de gastos.
Cuanta razón... sería una iniciativa estupenda, el hombre necesita realizarse, sentirse útil,dar sentido a su vida...esa oportunidad laboral seria la mayor ayuda vital.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo con el comentario, al que respondo con tres propuestas concretas que podría asumir la Administración Pública: 1) Ofrecer como alternativa voluntaria a la prestación de desempleo un trabajo social en beneficio de la Comunidad. 2) Incentivar el trabajo autónomo y la creación de empresas entre los jóvenes desempleados. 3) Promover el empleo en régimen cooperativo desde la iniciativa privada, inicialmente en actividades del Sector primario, como la agricultura, en el que Andalucía tiene un gran recorrido por desarrollar y muchas zonas despobladas que dinamizar.
ResponderEliminarEl ingreso mínimo vital lo veo fundamental y necesario en un estado de derecho,siempre y cuando sea temporal no indefinido.
ResponderEliminarEsa ayuda x parte del gobierno,debe ir compensada con un trabajo social x parte del beneficiario,porque de alguna manera lo dignificaria ante la sociedad y ante uno mismo al no tener la sensación de vivir de "una limosna".
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EliminarLa Administración Pública debería ofrecer como alternativa voluntaria al salario mínimo vital un trabajo social en beneficio de la Comunidad, respetando el Salario Mínimo Profesional y cotizando por ello al Régimen General de la Seguridad Social, dando derecho a sus correspondientes prestaciones, incluido el seguro de desempleo. De igual forma puede proceder con todo desempleado subsidiado que acepte un trabajo de servicio público, tutelado y dirigido por la Administración correspondiente, en tareas de mejora de limpieza de espacios públicos, cuidado y vigilancia de parques y jardines, mantenimiento y restauración de edificios públicos y/o de finalidad social, atención a personas acogidas a la Ley de dependencia, etc.
EliminarMe parece correcto el planteamiento de que, primero, es necesario el Salario Mínimo Vital y, segundo, que debería ser "compensado" de alguna manera con algún servicio a la comunidad. Lo que creo es que debe ser muy difícil conjugar ambas cosas. De hecho se debería hacer también con las prestaciones de desempleo y las no contributivas. Pienso que si ningún gobierno anterior lo ha hecho debe ser por su complejidad. Pero estoy de acuerdo en que se deberían buscar formulas para combinar el trabajo con las prestaciones que se reciban. Pero teniendo en cuenta que lo primero es que las personas tengan lo necesario para vivir. Y, lógicamente, cada persona, cada familia, necesitaría un estudio personalizado de su situación y de sus soluciones posibles.
ResponderEliminarPartiendo de que el coste presupuestario ya está asumido por la Administración Central, no niego la complejidad del procedimiento, que debería delegarse en la Administración Local, de forma que cada Ayuntamiento gestione los recursos humanos acogidos al Salario Mínimo Vital de su demarcación y les asigne, según su cualificación, las tareas más apropiadas al trabajo social a desempeñar en beneficio de la Comunidad o, en su caso, talleres de formación para el empleo. De esta forma, esta ingente labor quedaría distribuida entre todos los municipios de España que, con la coordinación de las Diputaciones Provinciales y la supervisión de las respectivas Administraciones Autonómicas sería mucho más fácil de gestionar.
ResponderEliminarTodo ello sin mermar la contratación ya existente del funcionariado y respetando el servicio de las empresas municipales creadas para cada finalidad de servicio, como por ejemplo las de Limpieza Pública, y las de la Vivienda, que podrían ser reforzadas por esta nueva "mano de obra".
Distinto es el caso de los subsidiados por desempleo, puesto que dicha prestación es un derecho adquirido mediante las cotizaciones efectuadas a la Seguridad Social, por lo que el planteamiento es el de una alternativa voluntaria, para todo aquél subsidiado que,aceptando el cambio, valore las mejoras que el trabajo social le va a suponer en lo referente a entrar de lleno en el mundo del trabajo, con las posibilidades que la relación que este proporciona respecto a otros compañeros, responsables de equipo y de los propios beneficiarios del trabajo bien hecho, supone en oportunidades de futuros contratos y, lo que es más evidente, que las cotizaciones que se vayan acumulando durante los periodos de trabajo generan nuevos derechos a desempleo, jubilación, etc.
Por último,podríamos pensar como se hubiera resuelto el problema que algunos sectores del campo andaluz han tenido para contratar mano de obra para recolectar determinadas cosechas y, aún más, las posibles soluciones que esta "fuerza laboral" aportaría al problema de la despoblación de determinadas zonas geográficas de España.